martes, 29 de septiembre de 2015

Mi paso por Rigolleau

Compartimos otro relato de Don Claudio Buffevant, titulado "Mi paso por Rigolleau", y publicado en el libro "El Berazategui que viví II" editado por la Asociación Orígenes de Berazategui

Mi paso por Rigolleau

Mi paso por Rigolleau me dejó alegrías y tristezas. Entré en el año 1940 en la Sección Vidrio Blanco. Llevaba el "archa" a dos oficiales, uno era Amoribello y el otro Urlanga. Uno, con la caña sacaba vidrio del horno y lo ponía en el molde, y el otro lo prensaba. En términos vidrieros eran un sacador y un prensista.

Mi trabajo era el de llevar el "archa" que consistía en llevar lo prensado, que podían ser vasos, potes o cualquier otro producto al archa, que era un horno, poniendo el producto en una cinta de tejido de alambre que conducía hasta el otro extremo. Con ese procedimiento quedaba la pieza templada y no reventaba.

Era penoso hacer ese trabajo, les pagaban por piezas, el archa estaba a unos veinte metros de los oficiales y agravado porque trabajaban a destajo. Terminaba las ocho horas escaldado por lo caminado y por el calor. Lo mío no era nada, lo sentía por los menores que hacían el mismo trabajo.
Hay un testimonio de esos años en una foto sacada en la misma sección, que se muestra en el Museo Histórico y Natural de Berazategui, donde se aprecia a los chicos con pantalones cortos.

En ese tiempo no había sindicalismo; por eso el abuso. Pero cuando lo tuvimos, les voy a contar lo que pasaba. Era más o menos entre el cuarenta y el cincuenta, después de pasar por "Vidrio Blanco", entré al taller de producción. En ese tiempo Rigolleau contrató a un maestro francés para que los hijos del personal aprendieran mecánica en forma gratuita, al maestro lo llamaban "Caballo de Bolsa" por lo alto y encorvado. En esos años habían cambiado tantas cosas que si un capataz miraba de reojo a un delegado podía haber un paro, lo notable era que a esos paros también se adherían los aprendices.

En los años que trabajé en el taller, lo que más me conmovió, fue que una mañana Don Jorge Batuello, un italiano de Alta Italia, que era jefe nuestro, vino con el diario y trajo la noticia de que el "polaco", la noche anterior, se había matado con la moto en el río de Quilmes. Era un hombre muy querible. Tanto era así, que un amigo calabrés se golpeaba la cabeza en la pared. Allí afloró la idiosincracia de los que trabajábamos con el polaco. Como era herrero hacía tijeras para cortar vidrio, para cercos, cuando los amigos se lo pedían.
Un viejo alemán le encargó una, cuando se enteró que se había matado lo primero que dijo fue: "Atogante", no terminó "tijega".
Nosotros los muchachos argentinos, conociendo la vida que hacía, como la noche del accidente que venía de un boliche que tenía un paisano, con la tristeza que nos dio su muerte, nos quedó como conformidad decir: ¡quién le quita lo bailado!
Estos son los detalles de mi vida en Rigolleau.





sábado, 19 de septiembre de 2015

El Deporte del Box en Berazategui (Segunda Parte)

Aurelio Grassi y su pasión por el Box

La revista argentina de deportes "LA CANCHA", del 3 de octubre de 1945, mencionaba parte de la trayectoria del pugilista Aurelio Grassi, alias "mangoré" (1). En ella se resaltaba que "Aurelio Grassi fue hasta más o menos dos años un púgil, que dentro de la categoría mediano, logró indudable reputación, en el campo amateur, por su poderoso punch.


En el corto término de dos temporadas realizó aproximadamente unos 40 combates, empañados por una sola derrota frente a Quintas, resolviendo la mayor parte de ellos por la vía del K.O. Mencionamos los nombres de José Pasenza, Cándido Godoy, Alberto Sotillo y Héctor Maturano como sus vencidos, dando así una idea aproximada del provenir que se abría ante este buen elemento merced a la "dinamita" de sus puños.


"Pero esa carrera -que abrazó desde la edad de 15 años- quedó trunca. La condición amateur de su profesión deportiva, obligó al pugilista Grassi a convertirse en el agente policial chapa Nro. 7453, y como este empleo le coartó su libertad para los adiestramientos, debió decidirse por el abandono del deporte. Sin embargo ahora está dispuesto al retorno. Ya ha comenzado a prepararse en el club Quilmes, al cual defendió anteriormente y a poco que consiga un cambio de repartición, podrá volver a ser la promesa que hace dos años se vislumbró con muchas posibilidades".


El diario "La Palabra" de agosto de 1985, publicó una retrospectiva de la vida boxística de Aurelio Grassi. El reportero que lo entrevistó, no individualizado, comenzó de esta manera su informe:

"Una corta pero fructífera carrera en el box llevó a nuestro coterráneo Aurelio Grassi a cosechar inmumerables triunfos, pero sobre todas las cosas muchísimos amigos. 
Comenzó a practicar el deporte en 1939, a la edad de 22 años. La pasión por el box lo llevó a entrenar duro para conseguir buenos resultados. Sin embargo, no le había sido fácil ya que su madre se había opuesto terminantemente. Después de 15 días parecía terminar un sueño que había empezado a gestarse en 1931, cuando tenía 14 años.
A pesar de las dificultades mencionadas, pudo seguir su sueño pensando en las glorias de la época: Landini, Fernandito y otros.


El "tucumano Gómez" le mostró la senda para iniciarlo; luego el club Bernal Oeste lo vio crecer dentro del cuadrilátero hasta que Pío Ventura Pereyra se radicó en Berazategui y se creó el boxing club "Los que triunfan", en las calles 31 y 19 (hoy 148 y 9).
Allí se formó el equipo con los hermanos Alberto y Hugo Garay, De Belso, Alegretti, Manuel Kelly, Francisco Molibello, Victorio Bartolotta, Pedro Gianini y José Lebone entre otros; todos dirigidos por Pío Ventura Pereyra.
Grassi era un boxeador de la categoría mediano, con un poderoso punch (Potencia o fuerza que tienen los golpes de un boxeador), lo que le valdría diez victorias por K.O. de sus 40 presentaciones victoriosas.
Su primer enfrentamiento, frente a Semenerzuk fue una victoria por puntos; era la primera de una larga serie de triunfos. Pero, a pesar de que Grassi sentía el deporte en su sangre, las condiciones económicas nunca lo favorecieron. Los boxeadores amateur cobraban 3 pesos por preliminar y 35 pesos por pelea de fondo; mientras que los pugilistas de primera línea orillaban los 70 pesos.
La carrera de Aurelio Grassi quedó interrumpida por su ingreso a la Policía Federal, luego de su casamiento y el nacimiento de su hijo, lo que le impidió continuar con lo que él pretendía: "el box como entrenamiento".


En otra parte de su diálogo con La Palabra recordó su mejor pelea: "Fue la que le gané a Pasenza en el primer round por K.O.; me acuerdo que el encuentro se hizo a beneficio de los inundados (año 1940). Fue un round muy rápido que no nos dio tiempo para estudiarnos; estudié unos tres golpes y lo arrinconé contra las sogas, lo paré con la izquierda y le tiré la derecha en punta, él dio una vuelta sobre el cuadrilátero y cayó". 
Grassi, contó que estaba atemorizado ya que su rival tardó 15 minutos en recuperarse.
Tal vez por eso lo bautizaron... "Dinamita".
Ese mismo día lo llevaron en andas hasta la estación de Berazategui, distante tres cuadras; sus simpatizantes, Amor Ameal y Kiko Martínez, entre otros, no dejaron de gritar vivas en su honor. En este volante vemos que en este combate lo publicitaron como "Alberto" Grassi.
En esa entrevista no sólo afloraron sus triunfos, rememoró su única derrota de esta forma: "No estaba entrenado; estábamos en huelga en la fábrica Ducilo y para conseguir un poco de dinero extra decidí enfrentar a Quintana. Pero la suerte nada tuvo que ver con este combate ya que mi contrincante era una máquina de tirar golpes; con mi experiencia traté de neutralizarlo pero no pude". Otra anécdota que recordó, un tanto risueña, fue una de las peleas en Bernal: "tenía que pelear con Obdulio Diano, pero me cambiaron el rival por Alberto Sotillo. El ring era de tierra y tenía sogas que parecían de tendedero, mi pelea se desarrolló en el barro; asimismo intenté pelear de la mejor manera".

El balance

"Me quedaron muchos buenos recuerdos y una cantidad de amigos inseparables, entre los que cuento al "loco Chichilo", así comenzaba el balance sobre su paso por el box: "intenté fomentar el box en nuestra localidad de Berazategui junto con Manuel Otero y Adrián Rodríguez en el Club La Armonía, pero la gente ya no concurría en forma masiva y tuvimos que vender un precioso ring side que habíamos adquirido al Club Atenas de La Plata.


De allí en más Aurelio Grassi o "mangoré" (1) o "dinamita", se alejó de la práctica del box pero dejó la impresión de su vuelta al boxeo.
Pasaron los años pero una idea puede surgir entre Pablo Casino -fondista-, su amigo, y varias personas compenetradas con este deporte; el objetivo es devolver a Berazategui una actividad que nunca debió haber perdido...

Investigación y compilado:
Juan Carlos Grassi y Elena Pisoni
jcgrassi1420@hotmail.com

Fuentes:
Diario "La Lucha" - pág. 20 - 30/04/1941
Revista deportiva "La Cancha" - 03/10/1945 Nro. 906 - Año 18. Corrients 550. Dtor. J. R. López Pajaro
Diario "La Palabra" Pág. 2. - 2 de agosto de 1985 - Nro. 3.506 - Dtor. Miguel José Gaita

(1) Mangoré: nos remite a una leyenda sobre el cacique de una tribu indígena, asentada en la zona sur del río Paraná y que peleó valientemente contra los españoles.



lunes, 14 de septiembre de 2015

El Deporte del Box en Berazategui

Compartimos con Ustedes una nueva investigación de Juan Carlos Grassi dedicada a la historia del Box en nuestro partido.

El Berazategui Boxing Club

El 16 de octubre de 1940 fue fundado en Berazategui - Partido de Quilmes - una entidad de box denominada "BERAZATEGUI BOXING CLUB". Pero, para ser exactos, este Club fue la continuación del popular Boxing Club "Los que Triunfan" que había sido creado por el tesón y espíritu deportivo del conocido boxeador Pío Ventura Pereyra, en ese momento Director Técnico de la entidad.


En el pequeño terreno, que por primera vez ocupara el ring y los elementos de gimnasia, supieron sus iniciadores imprimirle un ritmo simpático al deporte de los guantes; supliendo la carencia de muchos de los aparatos necesarios para su práctica, con un entusiasmo sin límites.

Con el transcurrir del tiempo, luego de haber desfilado por el tablado de la calle 31 y 19 (actuales 148 y 9) figuras populares como las de Italo Androvandi, Fuster y otros, las necesidades de espacio, como así la popularidad, determinaron la reorganización sobre bases más amplias. Fue así que se nombró una Comisión Directiva que en los primeros momentos fue integrada por Amleto Grassi como presidente, Luis Kombol como secretario y Carlos Kelly como tesorero, completándose con los vocales Luis Azzolini, Salvador Di Blasi y Luis Pérez.
Se le otorgó carácter localista a la entidad con la denominación de "Berazategui Boxing Club". Entre sus objetivos se destacaba: "la práctica de los deportes en general; el dictado de clases de cultura física, especialmente para los niños, a más de las actividades sociales y culturales, sobre la base de reuniones y conferencias".
El esfuerzo realizado por la comisión del Berazategui Boxing Club, se plasmaba en la calidad de los boxeadores locales, que lograron formar.
Entre ellos, figuraban Alberto Garay, Arnaldo Belso, los hermanos Goya, Ismael Pereyra, Luis Kombol, Albanesi, Aurelio Grassi y, como gran promesa, Victorio Bartolotta.
Uno de esos dirigentes indicaba al periodista del diario "La Lucha" del 30 de abril de 1941 "que a pesar del espíritu que nos anima, no se ha podido cumplir con todo lo prometido, ya que hemos tropezado con muchos inconvenientes, siendo uno de los principales, la carencia de un local apropiado. En muchas oportunidades se han malogrado festivales y tenido que aplazar sesiones de entrenamiento por las inclemencias del tiempo. No dudamos que cada uno de los jóvenes sabrá apreciar nuestro esfuerzo, y colaborará para dotar a Berazategui de una institución deportiva sólida, ya que el prestigio de la actual ha sobrepasado los límites de la localidad y en cada lugar ha dejado sentado su reputación y seriedad".

Y proseguía de esta manera: "Los hombres que en la actualidad rigen los destinos de la sede deportiva que trasladamos a la intersección de las calles 31 y 14 (actuales 148 y avenida 14) son conocidos y caracterizados vecinos, entusiastas cultores del deporte y que sacrifican sus horas de ocio en beneficio de la entidad. Ellos son: presidente, Carlos Veneroni; vice-presidente, Aquilino Martínez; secretario Amleto Grassi; prosecretario José Bermejo; tesorero Salvador Di Blasi; protesorero, José Anitori; y vocales: Raúl Belso, Luis Perez, Carlos Kelly, Angel Biondi, Orestes Caffarena, José Bartolotta, Matías Lorenzo.

No tenían dudas que el premio a la constancia y el desvelo coronarían pronto todos los sacrificios realizados desde sus comienzos. Su propuesta era contar a la brevedad con un local adecuado para las altas aspiraciones de los deportistas del Box".

Continuará...


lunes, 7 de septiembre de 2015

Los maizales

Compartimos otro relato de Don Claudio Buffevant, titulado "Los maizales", publicado en el libro "El Berazategui que viví II", editado por la Asociación Orígenes de Berazategui.

Los maizales

Los muchachos del cuarenta no necesitábamos mucho para disfrutar del espectáculo que la naturaleza nos brindaba.

En Berazategui, donde hace poco pusieron la piedra fundamental del hospital público policial, había varias hectáreas de maizales, con la consiguiente variedad de pájaros.

Los que me llamaba la atención eran las bandadas de mixtos. No es exagerado decir que tapaban el sol.


Cuando levantaban vuelo parecían una ráfaga de viento trayendo sus finos trinos. Qué notable ver entre miles, a uno extraño que era bien recibido por la bandada: eran canarios. Lo pintoresco era cómo se distinguían de los mixtos que son amarillos, parecía uno de ellos albino. Cuando los mixtos se juntaban, hacían sus nidos en el campo. 
Era fácil encontrarlos, porque salían volando con dificultad, como tullidos por estar tanto en el nido. Nos daba pena ver que casi todos los nidos tenían huevitos de renegridos.
Un domingo salí temprano para ver las bandadas. Cuando llegué me encontré con tres hombres, que cerca del maizal habían puesto una red con guía. Cuando pasaba la bandada lo hacían volar y los pobres inocentes caían bajo la red. Así agarraban cientos, algunos bien amarillos otros más claros, para ellos todos eran iguales, los mataban retorciéndoles el pescuezo. Con la pena de ver eso con mis doce años, les pregunté por qué los mataban y me contestaron, para hacer polenta. Pasaron sesenta y cuatro años de ese crimen, me acuerdo como si fuera hoy.

Días pasados conversando con los hermanos Farela, quienes en esos tiempos tenían la quinta frente al maizal, comentábamos que habían desaparecido los mixtos y las cachirlas; por los depredadores como el hombre y los renegridos. Eso sí, de ellos, cada día hay más, vienen a dormir al pueblo.
Del otro lado del maizal, había una hilera de viejas higueras con variedad de clases que los muchachos y chicas las disfrutábamos. Haciendo un poco de historia, ese campo a fines del siglo XIX, había sido tierra del Coronel Julio Campos, que el sábado 26 de julio de 1890 fallece, víctima de la Revolución.

Volviendo al tema, si bien las higueras no eran nuestras, era lo mismo, porque los actuales dueños eran tan benévolos, que parecía campo abierto. Cualquiera podía, sin permiso, cazar, ranear o cortar cardos. Tenía trescientas hectáreas hasta el río. Los cazadores debían respetar el no tirar cerca de las vacas lecheras, cerca o arriba de las parvas que tenían chapas ya que por la chispa de los perdigones podían prenderse fuego.

Volviendo a las viejas higueras, recuerdo que en ese tiempo, los curanderos de turno decían que marcando en el tronco el pie en que estaba la hernia, se curaba. El proceso era poner el pie del lado saliente y con un cuchillo filoso cortar la corteza con la forma del pie. La creencia era que cuando se unía, la hernia se curaba. No solo sufrían esas agresiones, más de una de ellas estaban dañadas por rayos; al estar el pararrayos en la chimenea del edificio de Obras Sanitarias, algunos no llegaban y caían sobre ellas.
En el 1936, de noche, una centella fulminó ocho vacas lecheras cerca de las higueras.