viernes, 7 de agosto de 2015

El tren de los cazadores

Compartimos con Ustedes otro relato de Don Claudio Buffevant, publicado en su libro "El Berazategui que viví II", titulado "El tren de los cazadores".

En la década del treinta, a las siete y treinta, pasaba el tren que iba a Pipinas y llegaba a las diez treinta hs. 


Me acuerdo que lo llamábamos el "tren de los cazadores", porque el vagón de carga se llenaba de cazadores junto con sus perros.


Pasando La Plata las estaciones intermedias eran Circunvalación, Elizalde, Arana, Correa, Bavio, Payró, Vieytes, Jonte y otras, hasta llegar a la de Pipinas.


Era zona de tambos, por lo tanto, perdicera, los cazadores para encontrar perdices no necesitaban caminar mucho. Bajando en esas estaciones, siguiendo la vía, ya podían cazar.

Cuando regresaban los cazadores a Berazategui, siempre había alguno esperándolos, además de curiosos para ver el resultado de la jornada. No faltaba algún vanidoso que bajaba con la cogotera llena de perdices y alguna liebre de bandolera. 
Parecía que estaban en pleno campo, pero por respeto a las disposiciones, la escopeta enfundada. 
Otros iban en el mismo tren a buscar caracoles.
Esa zona era de mucha conchilla, por ese motivo los caracoles tenían las cáscaras duras y dentro de los caracoles los agarraban fácilmente.
Por lo general era para hacer una comilona, en el bar y restaurante "La Perla" de Don Eugenio Hernández. La cocinera era su señora, doña Rosa; los tenía varios días antes purgándolos con harina de maíz y después los hacía en una salsa de receta exclusiva. Quedaban muy ricos.


Otra particularidad con respecto a los trenes, los que tenían parada en Berazategui después eran rápidos a La Plata, hacían trasbordo y el tren que los llevaba a las estaciones intermedias era una diesel que llamábamos "La Chancha" por su forma. Un vecino de Hudson era muy gordo y no podía entrar por las puertas chicas.

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