domingo, 13 de diciembre de 2015

Los camalotes

Compartimos con Ustedes otro relato de Don Claudio Buffevant, titulado "Los camalotes", y publicado en "El Berazategui que viví I", editado por la Asociación Orígenes de Berazategui.


Los camalotes

Cuando crece mucho el río Paraná, entran en el Río de la Plata, grandes cantidades de camalotes, llegan casi hasta la Bahía de Sanborombón. Un día en la década del 30, el río parecía un bañado por la gran cantidad de camalotes; los había grandes y chicos, pero todos unidos. 



En uno vino un lagarto como de un metro y medio de largo. Lo cazaron los pescadores y lo llevaron a la pesquería de Rolando. Lo pusieron en un tacho que se usaba para cocinar pescados, y allí estuvo en exhibición mucho tiempo. En otro camalote vino un monito, todo eso era gracioso, pero lo peligroso eran las víboras yarará, que también venían. Un día mi tío arreaba las vacas en el bañado entre la paja brava, y el caballo pisó una, casi lo pica. Las víboras generalmente son mansas, si no son molestadas no pican. En la costa y en el bañado de Berazategui, rara vez se ve alguna, únicamente por esas circunstancias, cuando bajan del Paraná.


Una vez quedó varado en la costa un camalote como de dos hectáreas, parecía un pedazo de isla que se había desprendido. A los caballos no los podían hacer arrimar, se asustaban, no por lo que veían, sino por el olor que despedían los animales y reptiles que habían estado sobre él. Los caballos sienten el mismo temor cuando pasan frente a un circo con animales salvajes.



sábado, 21 de noviembre de 2015

Los nutrieros

Compartimos con Ustedes otro relato de Don Claudio Buffevant titulado "Los nutrieros", publicado en su libro "El Berazategui que viví I", editado por la Asociación Orígenes de Berazategui.

Los nutrieros

Las vacaciones, del 41, fui a pasarlas a la costa de Pereyra, donde mi tío era encargado de la pesquera. Allí conocí a los hermanos Gamarra. Mayores que yo unos cuantos años, eran "yuyeros" y "bicheros". Venían de Villa Elisa.
Mi tío les había dado permiso para "nutriar". Los doce meses del año vivían de lo que le daba la costa y el bañado. En los meses de pleno invierno eran nutrieros, cuando vale más el cuero. Los demás meses del año los repartían en juntar yuyos en la orilla del arroyo El Marinero, donde había mucha cola de caballo, zarzaparrilla, lucera, anacaguita, sarandí blanco y otros. En tiempo de las ranas, se convertían en "raneros" y también cazaban burritos del bañado, que es un pájaro muy bonito que vive en la paja brava; también eran muy baqueanos para cazar pichones de tero, y los vendían a las pajarerías. Además cazaban sapos para vender a los farmacéuticos. Los empleaban para hacer la reacción de embarazo de las señoras de esa época.

Cuando soplaba viento norte, recorrían la costa desde Boca cerrada a Hudson, buscando madera, porque con ese viento salía mucha. Allí me enseñaron la ley de los costeros: cuando hay madera parada o puesta en cruz ya tiene dueño y hay que respetarla.
Pocas leyes se respetan tanto como las sin papeles.
Contaban que lo más penoso era la caza de nutrias. Entraban por la tranquera que estaba en el camino de Villa Elisa a Punta Lara, ya en el Parque Pereyra con el carrito con todo lo necesario. Se pasaban varios días nutriando; cuereaban y salaban los cueros y los estaqueaban allí mismo. Eran grandes pajonales donde había muchas nutrias. En pleno invierno era muy sacrificado, contaban que con las varas del carro y unas lonas, improvisaban una carpa para hacer noche. Cómo me hubiera gustado hacer esa vida; pero claro, en ese tiempo yo tenía diecinueve años.


lunes, 9 de noviembre de 2015

La colmena

Compartimos con Ustedes otro relato de Don Claudio Buffevant titulado "La colmena", publicado en su libro "El Berazategui que viví II", editado por la Asociación Orígenes de Berazategui.

La colmena

En el Berazategui del cuarenta había muchos quinteros y floristas, por eso no podía faltar quien criara abejas. Este era Enrique Rosello. Tenía los colmenares donde hoy está el Complejo Deportivo de la Asociación Deportiva Berazategui. Cuando se vendieron estas tierras, se fue con los colmenares al edificio de Obras Sanitarias, donde el casero era Mariano Cruz.

Al pasar por allí camino al río, siempre iba a visitarlo. Un día me dijo si lo acompañaba a buscar enjambres en los montes de Podestá, en la costa de Plátanos. Había muchos, porque en primavera, cuando nacía una nueva reina, se iba y formaba una nueva colmena.


Y así fue, que un día con un cajón especial que él mismo había construido, nos fuimos en tren hasta la estación Hudson. Caminamos hasta los montes de la costa, nos internamos buscando árboles viejos con huecos. Encontramos muchos que eran madrigueras de comadrejas, en otros había nidos de golondrinas de monte, que es mucho más chica que la pueblerina y muy mansita. Pasan volando a gran velocidad rozándolo a uno. Por fin en un hueco encontramos lo que estábamos buscando. Un enjambre que daba miedo ver. ¡La cantidad de abejas que tenía! Pero como Rosello me había explicado, en esas circunstancias no pican. Con un pincel para no lastimarlas las puso en un cajón y así lo trajimos.

                       Ahora ya tenía otra colmena. 

sábado, 10 de octubre de 2015

La vaca enterrada

Compartimos con Ustedes otro relato de Don Claudio Buffevant, titulado "La vaca enterrada", publicado en el libro "El Berazategui que viví II", editado por la Asociación Orígenes de Berazategui.

La vaca enterrada

Era pleno verano y estábamos de vacaciones. Raúl Rosello, Rodolfo Pérez, Claudino Santanchini, Lito Borselli, el Negro Ezquieta y yo. Decidimos ir a acampar unos días al río. Salimos rumbo al Arroyo de las Nutrias con unas lonas que usábamos para transportar las cosas, y si llovía, nos servían de protección. Poco antes de llegar al arroyo, los ladridos de unos perros, nos llamaron la atención, nos arrimamos para ver de dónde venían. 
Encontramos una vaca enterrada en el barro blanco, justo donde terminaba la rompiente, cuando el río crecía. El pobre animal estaba enterrado hasta el cogote. Quisimos sacarla pero fue imposible. El peligro era que si el río crecía, seguramente la taparía.


Fuimos a pedir ayuda a los pescadores, pero tanto Rolando como Altieri estaban tirando las redes. Nos quedaba como recurso ir hasta el tambo de Cruz. Allí encontramos a Vidal que tenía una yegua muy buena y fuerte, a la cual llamaba Elsa.
El hombre tomó un lazo y nos acompañó. Se lo colocamos alrededor del cuello y la yegua comenzó a tirar. La vaca no se movía y el riesgo era descogotarla. Con una pala nos pusimos a cavar. Logramos ubicar el lazo en el cuarto delantero y así pudimos sacarla. Cuando salía, parecía que la tierra la estaba pariendo. El animal pudiera ser de cualquiera, porque era todo campo abierto y no tenía marca.

Seguimos muy contentos hasta el lugar elegido para acampar. Estaba ubicado donde más tarde construiría el rancho Fermín Molina. Tenía una caballada y una red para pescar. Estábamos bien allí, porque del otro lado del arroyo, se encontraba la quinta de Contamusa, que tenía frutales y viña, Eso nos permitía aprovisionarnos de alimentos al bajar el río.

Esa misma tarde vimos que se nos acercaba un hombre de a caballo. Era Don Robustiano Acuña, delegado municipal. La vaca resultó ser de él, nos venía a agradecer y a darnos unos pesos.
Por unos días no necesitábamos vivir de la caza y de la pesca.

martes, 29 de septiembre de 2015

Mi paso por Rigolleau

Compartimos otro relato de Don Claudio Buffevant, titulado "Mi paso por Rigolleau", y publicado en el libro "El Berazategui que viví II" editado por la Asociación Orígenes de Berazategui

Mi paso por Rigolleau

Mi paso por Rigolleau me dejó alegrías y tristezas. Entré en el año 1940 en la Sección Vidrio Blanco. Llevaba el "archa" a dos oficiales, uno era Amoribello y el otro Urlanga. Uno, con la caña sacaba vidrio del horno y lo ponía en el molde, y el otro lo prensaba. En términos vidrieros eran un sacador y un prensista.

Mi trabajo era el de llevar el "archa" que consistía en llevar lo prensado, que podían ser vasos, potes o cualquier otro producto al archa, que era un horno, poniendo el producto en una cinta de tejido de alambre que conducía hasta el otro extremo. Con ese procedimiento quedaba la pieza templada y no reventaba.

Era penoso hacer ese trabajo, les pagaban por piezas, el archa estaba a unos veinte metros de los oficiales y agravado porque trabajaban a destajo. Terminaba las ocho horas escaldado por lo caminado y por el calor. Lo mío no era nada, lo sentía por los menores que hacían el mismo trabajo.
Hay un testimonio de esos años en una foto sacada en la misma sección, que se muestra en el Museo Histórico y Natural de Berazategui, donde se aprecia a los chicos con pantalones cortos.

En ese tiempo no había sindicalismo; por eso el abuso. Pero cuando lo tuvimos, les voy a contar lo que pasaba. Era más o menos entre el cuarenta y el cincuenta, después de pasar por "Vidrio Blanco", entré al taller de producción. En ese tiempo Rigolleau contrató a un maestro francés para que los hijos del personal aprendieran mecánica en forma gratuita, al maestro lo llamaban "Caballo de Bolsa" por lo alto y encorvado. En esos años habían cambiado tantas cosas que si un capataz miraba de reojo a un delegado podía haber un paro, lo notable era que a esos paros también se adherían los aprendices.

En los años que trabajé en el taller, lo que más me conmovió, fue que una mañana Don Jorge Batuello, un italiano de Alta Italia, que era jefe nuestro, vino con el diario y trajo la noticia de que el "polaco", la noche anterior, se había matado con la moto en el río de Quilmes. Era un hombre muy querible. Tanto era así, que un amigo calabrés se golpeaba la cabeza en la pared. Allí afloró la idiosincracia de los que trabajábamos con el polaco. Como era herrero hacía tijeras para cortar vidrio, para cercos, cuando los amigos se lo pedían.
Un viejo alemán le encargó una, cuando se enteró que se había matado lo primero que dijo fue: "Atogante", no terminó "tijega".
Nosotros los muchachos argentinos, conociendo la vida que hacía, como la noche del accidente que venía de un boliche que tenía un paisano, con la tristeza que nos dio su muerte, nos quedó como conformidad decir: ¡quién le quita lo bailado!
Estos son los detalles de mi vida en Rigolleau.





sábado, 19 de septiembre de 2015

El Deporte del Box en Berazategui (Segunda Parte)

Aurelio Grassi y su pasión por el Box

La revista argentina de deportes "LA CANCHA", del 3 de octubre de 1945, mencionaba parte de la trayectoria del pugilista Aurelio Grassi, alias "mangoré" (1). En ella se resaltaba que "Aurelio Grassi fue hasta más o menos dos años un púgil, que dentro de la categoría mediano, logró indudable reputación, en el campo amateur, por su poderoso punch.


En el corto término de dos temporadas realizó aproximadamente unos 40 combates, empañados por una sola derrota frente a Quintas, resolviendo la mayor parte de ellos por la vía del K.O. Mencionamos los nombres de José Pasenza, Cándido Godoy, Alberto Sotillo y Héctor Maturano como sus vencidos, dando así una idea aproximada del provenir que se abría ante este buen elemento merced a la "dinamita" de sus puños.


"Pero esa carrera -que abrazó desde la edad de 15 años- quedó trunca. La condición amateur de su profesión deportiva, obligó al pugilista Grassi a convertirse en el agente policial chapa Nro. 7453, y como este empleo le coartó su libertad para los adiestramientos, debió decidirse por el abandono del deporte. Sin embargo ahora está dispuesto al retorno. Ya ha comenzado a prepararse en el club Quilmes, al cual defendió anteriormente y a poco que consiga un cambio de repartición, podrá volver a ser la promesa que hace dos años se vislumbró con muchas posibilidades".


El diario "La Palabra" de agosto de 1985, publicó una retrospectiva de la vida boxística de Aurelio Grassi. El reportero que lo entrevistó, no individualizado, comenzó de esta manera su informe:

"Una corta pero fructífera carrera en el box llevó a nuestro coterráneo Aurelio Grassi a cosechar inmumerables triunfos, pero sobre todas las cosas muchísimos amigos. 
Comenzó a practicar el deporte en 1939, a la edad de 22 años. La pasión por el box lo llevó a entrenar duro para conseguir buenos resultados. Sin embargo, no le había sido fácil ya que su madre se había opuesto terminantemente. Después de 15 días parecía terminar un sueño que había empezado a gestarse en 1931, cuando tenía 14 años.
A pesar de las dificultades mencionadas, pudo seguir su sueño pensando en las glorias de la época: Landini, Fernandito y otros.


El "tucumano Gómez" le mostró la senda para iniciarlo; luego el club Bernal Oeste lo vio crecer dentro del cuadrilátero hasta que Pío Ventura Pereyra se radicó en Berazategui y se creó el boxing club "Los que triunfan", en las calles 31 y 19 (hoy 148 y 9).
Allí se formó el equipo con los hermanos Alberto y Hugo Garay, De Belso, Alegretti, Manuel Kelly, Francisco Molibello, Victorio Bartolotta, Pedro Gianini y José Lebone entre otros; todos dirigidos por Pío Ventura Pereyra.
Grassi era un boxeador de la categoría mediano, con un poderoso punch (Potencia o fuerza que tienen los golpes de un boxeador), lo que le valdría diez victorias por K.O. de sus 40 presentaciones victoriosas.
Su primer enfrentamiento, frente a Semenerzuk fue una victoria por puntos; era la primera de una larga serie de triunfos. Pero, a pesar de que Grassi sentía el deporte en su sangre, las condiciones económicas nunca lo favorecieron. Los boxeadores amateur cobraban 3 pesos por preliminar y 35 pesos por pelea de fondo; mientras que los pugilistas de primera línea orillaban los 70 pesos.
La carrera de Aurelio Grassi quedó interrumpida por su ingreso a la Policía Federal, luego de su casamiento y el nacimiento de su hijo, lo que le impidió continuar con lo que él pretendía: "el box como entrenamiento".


En otra parte de su diálogo con La Palabra recordó su mejor pelea: "Fue la que le gané a Pasenza en el primer round por K.O.; me acuerdo que el encuentro se hizo a beneficio de los inundados (año 1940). Fue un round muy rápido que no nos dio tiempo para estudiarnos; estudié unos tres golpes y lo arrinconé contra las sogas, lo paré con la izquierda y le tiré la derecha en punta, él dio una vuelta sobre el cuadrilátero y cayó". 
Grassi, contó que estaba atemorizado ya que su rival tardó 15 minutos en recuperarse.
Tal vez por eso lo bautizaron... "Dinamita".
Ese mismo día lo llevaron en andas hasta la estación de Berazategui, distante tres cuadras; sus simpatizantes, Amor Ameal y Kiko Martínez, entre otros, no dejaron de gritar vivas en su honor. En este volante vemos que en este combate lo publicitaron como "Alberto" Grassi.
En esa entrevista no sólo afloraron sus triunfos, rememoró su única derrota de esta forma: "No estaba entrenado; estábamos en huelga en la fábrica Ducilo y para conseguir un poco de dinero extra decidí enfrentar a Quintana. Pero la suerte nada tuvo que ver con este combate ya que mi contrincante era una máquina de tirar golpes; con mi experiencia traté de neutralizarlo pero no pude". Otra anécdota que recordó, un tanto risueña, fue una de las peleas en Bernal: "tenía que pelear con Obdulio Diano, pero me cambiaron el rival por Alberto Sotillo. El ring era de tierra y tenía sogas que parecían de tendedero, mi pelea se desarrolló en el barro; asimismo intenté pelear de la mejor manera".

El balance

"Me quedaron muchos buenos recuerdos y una cantidad de amigos inseparables, entre los que cuento al "loco Chichilo", así comenzaba el balance sobre su paso por el box: "intenté fomentar el box en nuestra localidad de Berazategui junto con Manuel Otero y Adrián Rodríguez en el Club La Armonía, pero la gente ya no concurría en forma masiva y tuvimos que vender un precioso ring side que habíamos adquirido al Club Atenas de La Plata.


De allí en más Aurelio Grassi o "mangoré" (1) o "dinamita", se alejó de la práctica del box pero dejó la impresión de su vuelta al boxeo.
Pasaron los años pero una idea puede surgir entre Pablo Casino -fondista-, su amigo, y varias personas compenetradas con este deporte; el objetivo es devolver a Berazategui una actividad que nunca debió haber perdido...

Investigación y compilado:
Juan Carlos Grassi y Elena Pisoni
jcgrassi1420@hotmail.com

Fuentes:
Diario "La Lucha" - pág. 20 - 30/04/1941
Revista deportiva "La Cancha" - 03/10/1945 Nro. 906 - Año 18. Corrients 550. Dtor. J. R. López Pajaro
Diario "La Palabra" Pág. 2. - 2 de agosto de 1985 - Nro. 3.506 - Dtor. Miguel José Gaita

(1) Mangoré: nos remite a una leyenda sobre el cacique de una tribu indígena, asentada en la zona sur del río Paraná y que peleó valientemente contra los españoles.